Había una vez una conejita llamada Aurora. Ella nació en un valle colorido que,
por las noches, brillaba como nunca. Desde niña, Aurora era bondadosa con
todos y le gustaba pasar sus tardes leyendo, cantando o bailando. Pero lo más
especial de ella era una marca de nacimiento en su orejita que simulaba ser una
luna.
Cada noche, observaba las estrellas junto a su familia mientras cenaban
deliciosos platillos. Sus días favoritos eran los últimos del mes, cuando la luna
brillaba más que nunca y su papá preparaba spaghetti.
Una noche, mientras contemplaban la luna más hermosa que jamás habían visto,
Aurora notó que su hermana estaba triste porque su collar favorito se había roto.
Sin dudarlo, corrió hacia ella y le dio un abrazo muy fuerte. En ese instante, un
brillo de polvo de estrellas cayó sobre ellas, y Aurora cerró los ojos y deseó que
el collar de su hermana se reparara.
Al día siguiente, el collar apareció intacto. Desde ese día, Aurora viaja por el
mundo concediendo deseos a los niños que tienen un corazón bueno. Sin
embargo, no lo hace mágicamente: para que un deseo se cumpla, debes creer en
él y mantener siempre una actitud positiva.